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Seis transformaciones necesarias para el futuro de las ciudades

El Sustainable Development Solutions Network (SDSN) de la ONU apunta en su último informe hacia seis transformaciones clave para avanzar en un desarrollo urbano sostenible que haga frente a los desafíos de las ciudades del siglo XXI.

El presidente de Indonesia, Joko Widodo, anunció recientemente su intención de construir una nueva capital para el país en 2020 debido a la superpoblación y el hundimiento de Yakarta, algo que otros países como Egipto ya han comenzado a hacer, años atrás, para afrontar los problemas de la masificación urbana. La movilidad, la polución o el tratamiento correcto de sus aguas son algunos de los retos a los que se enfrentan estas urbes cuya población crece constantemente a causa de las migraciones internas: gente que llega a la ciudad, desde el entorno rural o localidades vecinas, en busca de mejores oportunidades laborales. Así es como, a día de hoy, los núcleos urbanos y las ciudades aglutinan al 55% de las personas del mundo y comportan el 70% de la economía global. Las previsiones de Naciones Unidas calculan que para 2050 estos porcentajes se incrementen en 70 y 85 por ciento, respectivamente.

A este dato hay que sumarle las previsiones de crecimiento demográfico, el cual estará altamente concentrado: un 90% tendrá lugar en países de Africa y Asia. Sólo India, China y Nigeria son responsables del 35% de este crecimiento, con 416 millones, 255 millones y 189 millones de habitantes, respectivamente. Esto viene parejo a un descenso poblacional en zonas rurales, que actualmente alcanza los 3.400 millones y se espera que descienda a los 3.100 millones de habitantes en 2050.

En busca de soluciones y medidas para trabajar hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, así como el Acuerdo de París, el Sustainable Development Solutions Network (SDSN) de la ONU apunta en su último informe hacia seis transformaciones clave para encaminarnos hacia esa meta. Entre ellas, hay varias que afectan a la educación, el sistema sanitario, la igualdad de género, las energías renovables o la industria alimentaria. Pero, en concreto, la quinta transformación hace referencia al futuro de las ciudades, las cuales deben tender a convertirse en productivas económicamente, sostenibles e inclusivas.

Para ello propone una serie de medidas a llevar a cabo, como, por ejemplo, asegurar el acceso al agua potable e implementar sistemas de reciclado y tratamiento del agua, sobre todo en áreas que padecen de escasez, como India. Esto tiene que ir de la mano, recalca el SDSN, de una planificación urbana sensata y eficaz para ubicar a los grandes flujos de población que llegan a las ciudades y así evitar la saturación de determinados barrios y asegurar que cuentan con los servicios públicos adecuados. Esto entronca con el tercer apunte del informe, que destaca la importancia de asegurar una movilidad sostenible que conecte las distintas áreas de la ciudad de modo que ninguna se quede al margen de la sociedad. La inversión en infraestructuras es capital: se necesitan carreteras, autopistas, puertos, líneas de metro y autobús. Además, la promoción de un transporte público eficiente es una de las claves para reducir la contaminación, lo cual repercute en beneficio de la salud de la población.

Por último, en el informe se hace mención a la resiliencia de las ciudades, es decir la capacidad que tienen los núcleos urbanos de reponerse ante una situación adversa. Las consecuencias del cambio climático están provocando eventos climáticos extremos, como olas de calor más prolongadas e intensas, temperaturas extremas aún más acusadas, sequías o inundaciones, entre otros efectos que deben ser combatidos con una mejora en la planificación urbanística que permita superar las dificultades de realojamiento de las crecientes multitudes o de atención y prevención frente a estas situaciones. Todas estas medidas para transformar las ciudades y avanzar hacia los objetivos de sostenibilidad planteados a nivel internacional son muy complejas, pues en ellas interviene un gran número de factores y actores, y las competencias de gestión están en la mayoría de casos muy repartidas y limitadas (entre empresas privadas, gobiernos locales, regionales, ministerios y la propia sociedad civil). Por eso, la apuesta en que desde hace años se hace hincapié es la gobernanza multinivel, para garantizar un grado de acción a todos los niveles y promover la coordinación entre todos ellos: tanto en las administraciones como en el conjunto de la sociedad (institucional, empresarial, académico, ONG, etc).